Pasamos unos días en Florencia con el gran Stefano. Le conocí hace un año y nos hicimos grandes amigos. Salimos de fiesta, hicimos turismo y me metí en el río Arno. Fue una fricada, pero creo que seré uno de los pocos que se ha bañado en él. Está sucio que lo flipas, creo que está prohibido el baño…ajajja

 

Pero después de un mes y pico en Italia, decidimos irnos…sí! ya era hora.
Nos despedimos de todos lo amigos que hicimos, de todos sus monumentos, cafés… y pusimos rumbo a Suiza. La idea era surfear con otro grande, Bene. Un amigo suizo, que le apasiona el país vasco y vive en Zurich. Otro grande, como sus dos hijos y su encantadora mujer. Pasamos un par de noches en su casa con su familia. Cocinamos una tortilla de patatas, visitamos en bici una de las ciudad más ricas del mundo. Pero no tuvimos suerte con las olas. Así como en el mar, las olas del los ríos son caprichosas, hay que tener suerte, tiene que coincidir que el caudal del río sea lo suficientemente alto y en este caso…no fue así. Se ha pasado más de la mitad del viaje lloviendo, y justo donde tiene que llover, no llueve. Vinimos a surfear a Suiza, suena raro pero era así…volveré. Eso también te lo digo.

 

 

 

A si que decidimos ir al único río donde siempre hay olas. Funciona 24h al día, 365 días al año. Esta en Munich. Lo se, ya es un clásico. Pero cuando no hay más, contigo tomás. Quirin nos acogió en su casa y nos enseño a surfear. En el próximo video veréis lo que fui capaz de hacer.

Y.